El efecto de la dieta cetogénica en el sistema cardiovascular es uno de los temas más debatidos en la investigación reciente. Los resultados no son uniformes: la respuesta de los lípidos varía mucho entre personas.
Efectos variables en los lípidos
En muchas personas, la dieta cetogénica reduce los triglicéridos y eleva el HDL, cambios que suelen considerarse favorables. El efecto sobre el LDL es menos uniforme: algunos estudios encuentran aumentos y otros descensos. Algunas personas delgadas y muy activas muestran una subida marcada de LDL y colesterol total, con triglicéridos bajos y HDL alto; este patrón se denomina “lean mass hyper-responder”.
El debate sobre las partículas LDL
Algunos investigadores distinguen las partículas por tamaño y densidad: las grandes y menos densas se consideran menos aterogénicas que las pequeñas y densas, y ciertos estudios sugieren que keto favorece las mayores. Esto no significa que deba ignorarse un LDL muy elevado. La relación entre LDL alto y riesgo cardiovascular sigue bien respaldada; un aumento importante merece valoración clínica.
Qué dicen los estudios sobre eventos cardiovasculares
La mayoría de los ensayos aleatorizados duran meses, rara vez más de dos años, y miden peso, glucosa o lípidos, no infartos e ictus, que requieren seguimientos largos. Los estudios observacionales prolongados sobre dietas bajas en carbohidratos ofrecen resultados distintos según la calidad de los alimentos: las fuentes vegetales de grasas y proteínas suelen asociarse con mejores resultados que las fuentes animales y procesadas.
Quién debería vigilarse más
Quienes tienen antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular precoz, hipercolesterolemia familiar, diabetes u otros factores de riesgo deberían revisar un perfil lipídico completo antes de empezar y repetirlo a las 8–12 semanas. Si están disponibles, apoB o subfracciones LDL pueden aportar datos adicionales. Conviene valorar los resultados con un profesional sanitario.
La calidad de las grasas es clave
El impacto depende en gran medida de la calidad de las grasas. Una dieta keto basada en pescado, aceite de oliva, frutos secos, semillas y verduras probablemente tiene un perfil distinto a otra con mucha carne procesada, queso graso y mantequilla, aunque el porcentaje total de grasa sea parecido.
La conclusión prudente es que keto no protege ni perjudica automáticamente el corazón. El efecto es individual, depende de la calidad de los alimentos y requiere controles periódicos, especialmente si ya existen factores de riesgo.
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